
Ya sabemos generar barato. ¿Y ahora qué?
Resumen
- En 2015 la solar y la eólica cubrieron el 25% de la generación eléctrica anual en España; en 2025 alcanzaron el 56%.
- El reto ya no es generar limpio y barato, sino absorber esa generación porque sobra a mediodía y falta por la noche.
- Redes, almacenamiento e interconexiones son inversiones a quince años que hoy frena un permitting lento e imprevisible. Faltan estabilidad regulatoria y alguien que decida sabiendo que no verá el resultado durante su mandato.
- Sin crecimiento orgánico de la demanda (coche eléctrico e hidrógeno van por detrás de lo previsto), España tiene que elegir qué demanda quiere: fabricación de baterías, electrónica y procesadores o centros de datos.
- Del XI Foro de Energía de elEconomista (Madrid, 9–10 sept 2026) salió un diagnóstico compartido, que hay que aumentar la demanda. Sobre cómo hacerlo no hubo acuerdo.
Esta semana he estado en el Foro de Energía de elEconomista. Petroleras, eléctricas, promotores renovables, fondos, … Gente que no suele coincidir en casi nada y, sin embargo, salí con la sensación de que todos estaban hablando de un mismo sistema eléctrico.
Me siento afortunado de haber podido escuchar de primera mano el análisis de auténticos referentes del sector. Por eso no voy a resumir lo que perfectamente contaron el miércoles 9 de septiembre. Comparto el poso que me ha quedado tras reflexionar sobre sus ponencias.
“El PNIEC ha quedado obsoleto” porque vamos más rápido de lo que preveía el plan
Hace diez años nos marcamos un objetivo: producir energía barata y abundante. Es un logro que no tenemos interiorizado y del que hablamos como si todavía estuviera pendiente. En España generamos electricidad limpia y barata. Durante los últimos días hemos batido de forma consistente récords de horas negativas, porcentaje de generación renovable y todo ello sin otro apagón. Tenemos más potencia solar de la que sabemos absorber y una de las cuotas renovables más altas de Europa. En 2015 la tecnología solar y la eólica cubrieron el 25% de la generación anual, el año pasado llegamos al 56%.
Francisco Reynés (presidente ejecutivo de Naturgy) lo dijo al abrir: el PNIEC “ha quedado obsoleto”. El plan no estaba mal, lo que pasa es que el sector ha ido bastante más rápido de lo que nadie pensaba cuando se escribió, y ahora te sirve para ver si vas cumpliendo objetivos pero no para decidir dónde poner el dinero. Me gustó cómo lo planteó, porque reconocer que algo ha salido bien y al mismo tiempo decir que ya no vale como referencia no es fácil delante de una sala llena.
En la mesa de las grandes energéticas el primer villano en desfilar fue el precio. Loreto Ordóñez (consejera delegada de Engie España) abrió con un análisis poco optimista: el próximo año veremos precios elevados principalmente por la incertidumbre geopolítica que repercute en el precio del gas y por un bajo almacenamiento del mismo en Europa (en torno al 75%). Maarten Wetselaar (consejero delegado de Moeve) añadió un poco más del tema: si la geopolítica sigue igual, ni el gas ni el petróleo mejoran en seis o nueve meses.
El mega de electricidad nos cuesta el doble que a un industrial americano, y encima lo encarecemos con la compensación de CO2.
En la mesa de renovables el tono era otro pero la queja parecida. Seguimos con una canibalización de precios en el ámbito fotovoltaico, lo que provoca un freno en la inversión de nuevos proyectos. Laurent Clech (VINCI Energies España) recordó que los planes de desarrollo del PNIEC partían de una demanda que no ha llegado, ni en coche eléctrico ni en hidrógeno.
Y en las dos mesas, con distintas palabras, que la demanda eléctrica no crece.
¿Por qué no crece la demanda eléctrica en España?
Yo lo escuché como un único problema contado tres veces. Hemos construido un sistema que produce mucho y barato en unas horas, y seguimos dependiendo de gas importado y caro en las otras. Sobra a mediodía y falta por la noche, y lo que falta lo pagamos caro.
Estamos tirando a unas horas del día la energía que tanto nos cuesta producir a otras. El reto de generar limpio y barato está resuelto. Lo que nos queda es aprovechar toda la capacidad que tenemos de generación. Eso cambia bastante la conversación, porque la respuesta a “cómo aprovecho lo que sobra” ya no es más paneles. Es redes, almacenamiento, permisos que desbloqueen inversión, consumo que pueda moverse a las horas donde sí está la energía, …
Energía es capacidad industrial
Energía es capacidad industrial. Josu Jon Imaz (consejero delegado de Repsol) explicó que la acerista europea paga del orden de hasta nueve veces más por el gas que su competidora fuera de Europa, y que con ese diferencial, lo único que hacemos es incentivar que la industria se deslocalice.
Las implicaciones son hasta casi absurdas:
- la planta cierra,
- la producción se va a India,
- allí se emite un 50% más de CO2 por las ineficiencias de sus procesos,
- y luego lo importamos pagando el CO2 del transporte.
No sé si la solución es la que propone Imaz (el fin del pago por derechos de CO2 en Europa) pero algo se nos tiene que ocurrir para que las empresas se queden. Lo que más me impactó de su reflexión es que Estados Unidos ha reducido un 40% sus emisiones de CO2 por unidad de PIB sin aplicar impuestos al carbono y en Europa con esta medida hemos logrado un 43%. No comparto todas sus conclusiones, pero igual se nos está escapando algo en Europa.
No podemos permitirnos ser tan cortoplacistas. Reynés lo dijo al principio y lo repitieron casi todos: el permitting es lento e imprevisible, y frena justo la inversión que necesitamos. Redes, almacenamiento, interconexiones, … son inversiones a quince años cuyos frutos recoge otro y por eso solo los valientes se atreven a acometerlas. Falta estabilidad regulatoria y alguien que decida sabiendo que no verá el resultado durante su mandato.
¿Qué industria queremos que consuma más energía?
El miércoles el diagnóstico quedó claro: hay que aumentar la demanda. Lo que no está tan claro es cómo. De forma orgánica no está pasando. El coche eléctrico va más lento de lo previsto, el hidrógeno no ha llegado, la industria que teníamos se está yendo, … Y todo esto, que suena a mala noticia, a mí me parece una oportunidad.
Cuando la demanda no viene sola, alguien tiene la oportunidad de decidir cuál es el tipo de demanda que queremos. Y esta decisión la podemos tomar como país teniendo en cuenta que lo que sembremos hoy lo recogeremos dentro de quince años. Lo dijo Reynés hablando de redes e interconexiones, pero vale igual para la industria. Tenemos una ventaja que pocos países tienen, energía barata a mediodía, y la pregunta es en qué la convertimos. Yo veo tres candidatas que algunos de los ponentes también mencionaron.
Tecnología y fabricación de baterías
Es la más evidente y la que más encaja: consume mucho, fabrica lo que el propio sistema necesita para dejar de tirar energía, y de hecho ya hay proyectos anunciados. Pero por algún motivo no terminan de salir. Me da la sensación de que falta una dirección clara desde la administración y una inversión privada que se sienta cómoda haciendo apuestas a quince años con las reglas de juego actuales.
Electrónica y procesadores
No tiene por qué ser esta, y no pretendo saber más que quien se dedica a ello. Pero si tenemos una ventaja injusta en capacidad de producción barata, ¿por qué no invertirla en las industrias del futuro en vez de en sostener las del pasado? Hace quince años se cuestionaba la capacidad de EEUU, y de Tesla en concreto, de fabricar coches que estuvieran a la altura de los grandes fabricantes europeos. Durante los últimos tres años el Model 3 y el Model Y han sido los dos eléctricos más matriculados en España. Cuando una empresa privada apuesta por un sector, es capaz de recoger frutos en un horizonte medio, pero eso solo pasa si hay convicción y seguridad jurídica.
No es una cosa u otra. El Estado marca qué industria le interesa al país y crea un marco que la haga atractiva; el mercado, si ese marco es estable, pone el capital y apuesta. Sin ese marco el plan se queda en el papel, como el PNIEC.
Centros de datos
Esta se está decidiendo hoy. Se está eligiendo dónde se colocan fábricas enormes de una materia prima que parece que todo el mundo va a querer. Mario Ruiz-Tagle (consejero delegado de Iberdrola España) dijo que los centros de datos “no son un mal en sí mismo”, que es la red y el sector eléctrico quienes tienen que adaptarse para acoger esa industria aprovechando las ventajas competitivas de España, y que aunque un centro de datos da poco empleo directo, hay otras empresas satélite que sí. Y remató: “los necesitamos y se instalarán en España o fuera de España”. Sobre el borrador de decreto que exigirá a los grandes centros de datos respaldar el 80% de su consumo con renovable nueva acreditada hora a hora, dijo que esos centros “existirán en todas partes del mundo” y que la respuesta del inversor será: “no se instale en España, pero me voy a instalar en Francia y en Portugal, bien pegadito a la frontera”. O sea, que el dato lo vamos a consumir de todas formas, la diferencia es si el empleo y la inversión se quedan aquí o a diez kilómetros pasada la frontera. Gianni Armani (consejero delegado de Endesa) directamente lo llamó “una decisión ideológica”, y al final la frase que más se repitió en la sala fue la del refrán, no le pongamos puertas al campo.
Vamos tarde
Me fui del foro con la impresión de que vamos tarde. Llevamos años discutiendo cuántos gigavatios instalamos en vez de plantear qué industria queremos que venga a consumir lo que ya sabemos producir. Esto nos ayudaría a darnos cuenta de qué tenemos que cambiar para que cuando tenga que elegir entre España, Portugal o Francia no le dé igual.
Las citas están tomadas de mis notas y de la cobertura de elEconomista.es del XI Foro Energía (Madrid, 9 y 10 de septiembre de 2026).



